Palabras

Pajaros

Amo ver mis palabras, volando por el mundo.

Inquietas y apasionadas, navegan otros cielos.

 

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Micro Historias

Blancanieves                                                                                                                                               

Cansada de esperar príncipes azules o manzanas envenenadas que la rescaten de su vida simple y rutinaria, decidió quitarse la vida y se sentó al sol.

 

 

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La Quema

A Otavio Junior, Biblioteca la Favela

El pibe respiro profundo, pausado y contuvo el aire una fracción de segundos,  al fin exhaló, mientras con manos pequeñas revolvía las bolsas de basura.

El olor de la quema le había enseñado a controlar sus sentidos, a llevar un ritmo casi perfecto entre movimiento y respiración. Todo un arte, escucho una vez por ahí, en tono burlón.

No le importo, el sabia encontrar las pequeñas cosas, la magia, su arte. Así fue como un día se atrevió a cerrar los ojos y rompió por un instante, el delicado equilibrio. Se encontró a oscuras sintiendo la voz de su cuerpo, ajeno al humo, al basural, al olor que lo carcomía hasta los huesos.

Luego volvió al mundo y entre bolsas llenas, de deshechos de otras vidas, al fin el universo le sonrió:

Encontró la magia que cambiaría su vida, un pequeño libro que lo hizo reír.

La Espera

Al fin la calma lo invadía todo. Parecía mentira, minutos antes, una terrible tormenta había sacudido el avión. Pánico, gritos, y luego oscuridad y el silencio más absoluto.

Ya todo está en orden, pensó Manuel, mirando por la ventanilla. Se sentía cansado, molesto, no había dormido la siesta y eso condicionaba su humor, el episodio de la tormenta había puesto a prueba sus nervios, se sentía agotado.

Una vez más, se dispuso a tratar de repasar en su mente los detalles de la última noche en Buenos Aires, junto a Helena. Las miradas, los abrazos, los besos y esa necesidad constante de saber, de descubrir, cuál era el misterio.

Sabía que algo sucedía, lo intuía y lo veía en sus ojos.

Seguramente Helena no había querido decirle nada, para no preocuparlo. Se enfrentarían a meses duros, ella en Buenos Aires y él, en el fin del mundo, sólo, aislado, en una isla olvidada cercana a Galápagos. Pero era su trabajo, su pasión, su vida. Ella siempre entendía.

Seguía molesto, la falta de la siesta se sentía cada vez más.

Volvió a pensar en Helena, faltaban pocas horas para verse y al fin terminaría la espera. En las cartas siempre hablo de una sorpresa, de un cambio, de algo que los uniría para siempre y eso lo llenaba de esperanzas. Se sentía renacer.

Miró el reloj, eran pasadas las seis. El avión debiera haber aterrizado a las cinco, pensó.

Llamó a la azafata, pero nadie respondió. Levantándose de su asiento comenzó a recorrer el pasillo, el baño, la cabina y se dio cuenta de que estaba solo. Volvió a llamar, a buscar en cada rincón, pero no encontró respuestas.

No había pilotos, azafatas ni pasajeros; sólo penumbra y el silencio que dolía, y pesaba cada vez mas.

Sin saber que hacer volvió a su asiento ¿Estaría enloqueciendo? ¿La falta de la siesta nublaría sus sentidos?

Entonces sacó del bolso la última carta, esa que había releído una y otra vez, las ultimas semanas y con lágrimas en los ojos, leyó en voz alta la frase que había dado sentido a su vida nuevamente : “Te esperare hoy y siempre”, Helena.

Una paz extraña lo colmó. Pensó en Helena, la abrazó con el alma y al fin cerró los ojos.

En ese mismo instante, el sol  invadió todo el entorno, de colores naranjas, amarillos, ocres y violetas.

 cielo

Solitarios soles

Solitarios soles en el este te llaman, te nombran.

Cielo de mis brazos me cerca con recuerdos por tus lágrimas,

lágrimas de plumas desordenadas con emociones vacías.

Fue el maestro antiguo el que me abrió el tiempo,

no en este instante, sino en el de los muertos,

que guardan las mil llaves, que borran los mil seres,

naranjas, rojos, vivos.

El rey momo, la manzana de oro y las luces de los grandes mares del espacio me persiguen.

Cumplir el sueño de cultivar el cemento como tierra húmeda y

ser exterminador de los monstruos nocturnos,

se transforma en arena y corre.

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Leyendas

La Margarita

Margarita muerta de muerte morada

mira el mar con mirada de mortaja

mortaja mustia de madreselvas marchitas.

Margarita muerta majestuosa y sin memoria

mojada de musgo y migajas macabras.

Margarita ha muerto, mendiga de misterios.

L.B

Cuentan que hace muchos años, en tierra de mar y sierras, “Puerto de la laguna de los padres Mar del plata”

vivía una extraña  joven: Margarita.

Desde pequeña los vecinos la veían pasar todas las tardes rumbo al muelle.

Era infaltable en su cita. Nada la detenía. Durante horas miraba el mar, sola y en silencio.

La gente del pueblo tejía a su alrededor  historias de amor, engaño, ausencias y locura. Sus padres preferían callar.

Corría la tarde del 28 de septiembre de 1880 entre rutinas, trabajo y chismes de pueblo. Margarita cumplía como de costumbre con su ritual en el muelle.

Dicen que fue la primera en verlo.

Dicen que a medida que la nave se acercaba, una densa bruma cubría la costa y como un mensaje divino lo último que alcanzó a verse fue su nombre: “Margaretha”.

Luego todo desapareció. La niebla, el barco, Margarita…

Muchos dicen que Margarita se arrojó al mar con los brazos abiertos.

Otros cuentan que un barco cargado de sombras, se la llevó para siempre.

Y hay quienes juran que años después, la vieron paseando por la flamante pasarela de La Bristol, en una tarde de domingo, del brazo de un conocido aristócrata inglés.

¿Y el barco?

El amanecer del 29 de septiembre de 1880, sorprendió al pueblo de Mar de Ajo con una nave de bandera alemana encallada sobre la costa.

“El  Margaretha” apareció en la playa, vacío, sin tripulación y rodeado de silencio.

En su interior solo encontraron la bitácora del capitán y sus últimas anotaciones fueron la semilla que germinó en leyenda:

“27 de Septiembre de 1880. Creo absolutamente necesario fondear en costas Argentinas.  La situación es insostenible. “

“28 de Septiembre de 1880.  Avistamos una pequeña luz. Puerto de la Laguna de los padres Mar del Plata aparece como un destello en la oscuridad de nuestras almas”.

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“Nuestro destino reposa en esos brazos abiertos que como un faro nos guían hacia la salvación”.

Liza Bondar

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Un poco de Poesia

Mi cielo

Tras la ventana en sangre,

apocalípticos vientos de caricias te arrullan,

pronuncian sublimes palabras de rio seco.

Palabras prisioneras en sobres sin destino, que lloran, se quejan.

Se quejan como las ramas de los árboles, sin las caricias del viento.

Los países de mi cielo te esperan,

con escaleras infinitas que envidian las golondrinas.

Duelen las palabras, cuando el amor no alcanza.

Mariposas entre nubes, escaleras y más palabras

caen de los arboles enredadas.

Hay hojas, hay ramas y un gato,

Me miran, abro los ojos y ya no estas.

 Para SM

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