La Quema

A Otavio Junior, Biblioteca la Favela

El pibe respiro profundo, pausado y contuvo el aire una fracción de segundos,  al fin exhaló, mientras con manos pequeñas revolvía las bolsas de basura.

El olor de la quema le había enseñado a controlar sus sentidos, a llevar un ritmo casi perfecto entre movimiento y respiración. Todo un arte, escucho una vez por ahí, en tono burlón.

No le importo, el sabia encontrar las pequeñas cosas, la magia, su arte. Así fue como un día se atrevió a cerrar los ojos y rompió por un instante, el delicado equilibrio. Se encontró a oscuras sintiendo la voz de su cuerpo, ajeno al humo, al basural, al olor que lo carcomía hasta los huesos.

Luego volvió al mundo y entre bolsas llenas, de deshechos de otras vidas, al fin el universo le sonrió:

Encontró la magia que cambiaría su vida, un pequeño libro que lo hizo reír.

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